A Paul Seixas todavía le dolían los oídos tras cruzar la meta del Alpe d'Huez, casi tanto como sus piernas de 19 años explorando lo inédito. «El público estaba enloquecido», dijo el héroe local, que no pudo acercarse al podio que le arrebata Isaac del Toro. Tadej Pogacar tuvo que espantar espectadores como si fueran moscas: «Esperaba que fuera aún peor, pero se portaron bastante bien, aunque a veces estaban muy cerca». A Remco Evenopoel le estorbaron de mala manera en uno de sus ataques:«Me bloquearon los aficionados y las motos. Fue una lástima». Aunque lo peor de todo se lo llevó Einer Rubio, uno de los supervivientes de la escapada, empotrado contra el coche del UAE tras un frenazo a causa de la marabunta: el colombiano del Movistar tuvo que abandonar el Tour después de recibir 20 puntos de sutura en la cara.
Es imposible calcular cuánta gente se acumulaba en las 21 curvas del Alpe d'Huez -en la 11, a partir de ayer, comparten nombre Pogacar y Bernard Hinault-, los casi 14 kilómetros desde Le Bourg d'Oisans, colapsado todo desde días antes. Alrededor de un millón de personas en el estadio más grande del mundo. Lugar para la heroicidad, aunque parezca que al propio Pogacar le costara reconocer el tamaño de su gesta. «Diría que es una victoria tan importante como cualquier otra, pero ahora que todos los periodistas han recalcado lo significativa que es, quizás empiece a darme cuenta. Es muy importante y la apreciaré de verdad cuando las cosas se calmen», fueron sus frías palabras un rato antes de pulverizar un récord de otro tiempo, de cuando el ciclismo eran todo sospechas.
Tadej normalmente rechaza las comparaciones con el pasado. Poco le gusta que le pregunten por Merckx o Indurain, menos aún por otras épocas más turbias. Tampoco le dio importancia esta vez a su tiempo en el Alpe d'Huez, a los 35 minutos y 26 segundos en que completó la subida (a 23,3 kilómetros por hora), rebajando en 1:14 una marca que permanecía imbatida desde 1995, desde la victoria de Marco Pantani. La tercera también era del Pirata, dos años después, 36:54. «La verdad es que no sabía cuál era el tiempo de Pantani. He estado bastante desconectado de internet. No le doy demasiada importancia, pero estoy contento. Solo quería hacer una buena carrera y ganar. Como dije antes, por los chicos y también porque se ha batido un récord de más de 30 años», comentó.
El secreto del éxito y de la victoria estuvo en la ejecución. No hubo apenas preámbulo. Tadej arrancó en las primeras rampas. Y nunca miró atrás. Algunos rivales le sonreían cuando les adelantaba. «Da mucha motivación cuando alcanzas a alguien. Y hoy había muchos ciclistas al frente, así que fue muy bueno para mí ir cazándolos uno por uno», describió.
Pero al final le quedaban los más complicados. Y Tadej no las tuvo realmente todas consigo cuando logró llegar hasta Sepp Kuss, Lenny Martínez y Richard Carapaz, tres de los mejores escaladores puros del pelotón que comenzaron el Alpe d'Huez con aproximadamente 3:30 de ventaja sobre el esloveno. «El momento en que empecé a creer en la victoria fue cuando escuché por la radio que empezaron a atacarse entre ellos», admitió después Tadej. «A cinco kilómetros de la meta, pensé: 'Vale, si mantengo este ritmo, quizás pueda alcanzarlos justo antes de esta curva a la derecha'. Y fue exactamente así. Cuando llegué a las barreras, por fin pude verlos, y me di cuenta de que se estaban mirando. Sabía que los alcanzaría, pero también sabía que quizás alguno de los tres años se estaba guardando un poco», siguió con su precisa descripción de los hechos. Ahí fue cuando Kuss gastó su última bala. "Entonces Lenny estuvo increíble, pegado a mi rueda. Y cuando alcanzamos a Richard, todos estábamos al límite. Conocía muy bien la meta y lo di todo. Una de mis victorias más difíciles».
La número 26 de su carrera en el Tour, que este domingo, en la etapa reina, podría ser la 27. Para eso tendrá que sobreponerse a 5624 metros de desnivel acumulado, a la Croix de Fer, el Telegraphe, el Galibier y el inédito Col de la Sarenne para llegar de nuevo a la cima del Alpe d'Huez. «Hubiera preferido ir directamente a París. Es la etapa reina, un gran día de montaña. Tengo confianza. Tenemos que mantenernos concentrados en el maillot blanco y en el podio para Isaac [Del Toro]», concluyó.