El icono habla de lo icónico y a Tadej Pogacar le brillan los ojos a unos días de abrochar su quinto Tour de Francia, de ese hito de sentarse en la misma mesa que ocupan Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. Este viernes llega el Alpe d'Huez y no hace falta añadir mucho más. La cima de las 21 curvas de herradura, la «montaña de los holandeses», la que inauguró para la historia del ciclismo Fausto Coppi en 1952, cuando a la Grande Boucle llegó también la televisión. Habrá más de un millón de personas -acampadas durante días en la 'rave' en que se convierten los casi 14 kilómetros desde Le Bourg-d'Oisans- en sus laderas, «una locura insana» prevé el líder, que recuerda con media sonrisa cómo hace cuatro años, la última vez, el coche de su novia Urska Zigart fue zarandeado. «Espero no caerme en la subida porque creo que habrá muchos espectadores y ya hemos visto que es bastante peligroso», pide el adolescente Paul Seixas antes de su primera vez.
De ese día de 2022, victoria de Tom Pidcock en la escapada, a Tadej le queda una de esas pequeñas deudas que va saldando como parte de la diversión (y la motivación) de conquistar Tours sin oposición, menos ya sin el malogrado Jonas Vingegaard. Esa etapa tampoco batió el récord de Marco Pantani, que en 1995 (repitió victoria dos años después) fue remontando rivales desde la base y completó la subida en 37 minutos, a 22,5 kilómetros por hora. «Un ascenso emblemático... Tiene mucha fama, como el Mont Ventoux y el Tourmalet. Estas tres no son las subidas más difíciles de Francia, pero supongo que su historia las convierte en iconos. Este año también será icónico porque tenemos dos días juntos en Alpe d'Huez», reconocía estos días el líder.
Pogacar pretenderá alzar los brazos donde lo hicieran Coppi, Pantani o Geraint Thomas. También presumió de doblete el manchado Lance Armstrong. Y tres españoles pusieron su nombre en la leyenda, Fede Echave en 1987, Iban Mayo en 2003 y Carlos Sastre en 2008, un triunfo que abrocharía su Tour después.
Igual que trata de ocultar su entusiasmo por esa victoria legendaria que pretende, por esa foto para la posteridad, o por acabar también con el maillot de la Montaña en París (está igualadísima su puja con Valentin Paret-Peintre), el esloveno intentar que los temores que le acechan no se noten. Siempre fue hábil es esquivar la fatalidad. Ni una caída significativa en los siete Tours que ha disputado. Y ahora a su equipo le rodea la enfermedad.
Imposible disimularlo cuando Adam Yates pierde casi una hora en dos etapas. Cuando Brandon McNulty tiene que abandonar, como ayer. «Me da mucha pena que Brandon no haya podido terminar. Fue una lástima, y lo echaremos de menos los próximos dos días», pronunció Tadej, que hizo repaso de sus huestes: «Obviamente, creo que Adam está mejorando. Intentará sobrevivir. Felix Grosschartner está corriendo de maravilla. La piernas de Nils Politt también son increíbles. A Tim Wellens, cuando le das un poco de motivación, siempre la aprovecha y supera todo el dolor. Florian Vermeersch puede ser de gran ayuda desde el principio. Creo que podemos lograrlo. Es la tercera semana. Todos los equipos están sufriendo un poco», reflexionó en rueda de prensa. Antes, en la televisión francesa, cuestionado sobre sus intenciones, admitió: «Si la situación sigue así y los compañeros no se recuperan de la enfermedad, nunca se sabe qué habrá que hacer al final. Hay que correr por instinto, pero confío en que todo irá bien con el equipo y que superaremos los dos próximos días».
Su propio director tuvo que salir al paso de algunas malas sensaciones, especialmente las del belga Wellens, que llegó, en solitario, el último y con claros síntomas de enfermedad, a 43 minutos del ganador Richard Carapaz. «No está enfermo. Después de haber hecho su trabajo y ser soltado por el grupo, fue mejor recuperarse. Fue una etapa de escapada en la que no íbamos por la victoria. En ese caso, es mejor recuperarse», aclaró Josean Fernández Matxin.
Tendrá que sobrevivir Pogacar a dos desafíos consecutivos. Tan significativo el del viernes como tremendo el del sábado, con la meta otra vez en Alpe'Huez, aunque se asciende por la otra vertiente, la inédita de Sarenne. Se espera lluvia y ya avisó Christian Prodhomme, director de la carrera, que sería «la más dura de la historia»: «Puede cambiarlo todo. Puede también que Pogacar lo aplaste todavía más, pero también puede suceder lo contrario», advirtió. En el pelotón la ponen en ese nivel. Alguno recuerda la que ganó Mikel Nieve en el Giro de 2011 en Val di Fassa. Matxin la equipara a la última de la próxima Vuelta a España, en Granada. El Tour subirá el sábado, como remate antes de París, la Croix de Fer (24 kilómetros al 5.2% de media), el Télégraphe (12 al 7.1%), el Galibier (17.7 al 6.8%) y el remate de Sarenne.