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San Michael

San Michael

Michael lleva ingresados en taquilla mĂĄs de 700 millones de dĂłlares. Y subiendo. La pelĂ­cula sobre Michael Jackson es un negocio redondĂ­simo. Sin embargo, la mayorĂ­a de crĂ­ticos cinematogrĂĄficos tienen claro que, cinematogrĂĄficamente, Michael no es gran cosa.

Ambas realidades son compatibles: respaldo popular y desprecio crĂ­tico. Es mĂĄs: son habituales. Y no pasa nada. A los productores de Michael, los comentarios negativos les resbalan. Si el proyecto hubiera sido un fracaso, sĂ­ podrĂ­an acusar (sin razĂłn, pero podrĂ­an) a la prensa de haber saboteado su carrera comercial. Eso rara vez ha ocurrido, por no decir nunca.

La venta de entradas y las opiniones de los crĂ­ticos no habitan en el mismo espacio. No hay taquillazos impulsados a base de reviews de cinco estrellas ni superproducciones torpedeadas por cuatro mataos -entre los que me encuentro- con un espacio pĂșblico donde decir que Michael es una mala pelĂ­cula. A Mortal Engines o Cats no las sentenciamos nosotros, sino los espectadores.

Pero esas películas no tenían a Michael Jackson en el centro. Eso lo cambia todo. Yo mismo recibo insultos e improperios (entrañables, todo sea dicho) de fans de Jackson, incapaces de tolerar que alguien critique nada relacionado con su ídolo.

Y eso que Michael, la pelĂ­cula, tiene una relaciĂłn bastante retorcida con Michael, la persona, la estrella, el mito. El largometraje existe porque quienes controlan el legado (fĂ­sico y artĂ­stico) de Jackson lo han permitido e impulsado.

Sin la aprobaciĂłn de esas entidades, Michael no podrĂ­a utilizar la mĂșsica de Michael. Imaginaos la pelĂ­cula resultante, cuando lo Ășnico bueno de la que sĂ­ existe son precisamente las canciones.

NingĂșn crĂ­tico del planeta se ha atrevido a cuestionar eso. Que Thriller o Don't Stop 'Til You Get Enough son obras maestras es indiscutible. Cuando suenan a Michael le perdonas incluso la inexistencia en pantalla de Janet, la persona (y la estrella, y el mito) desde cuyo punto de vista sĂ­ se podrĂ­a escribir una buena pelĂ­cula sobre Michael Jackson.

Algunos fans, por supuesto, han justificado hasta esa delirante decisiĂłn de guion, procedente ademĂĄs de otro impedimento extracinematogrĂĄfico: Janet no querĂ­a salir. Tampoco querĂ­a, parece ser, Diana Ross, fundamental para entender la vida y la carrera de Michael. Michael no pretende nada parecido, pues eso implicarĂ­a abrir algunos de los melones mĂĄs incĂłmodos de la cultura pop contemporĂĄnea. Esta no es esa pelĂ­cula.

No se puede hablar de Michael Jackson sin subrayar su genialidad, pero tampoco sin abordar sus gigantescas contradicciones como persona, como artista y como ser inclasificable. Interpretado mĂĄs que solventemente por su sobrino Jafaar, el Michael de Michael es poquĂ­sima cosa. Su mĂșsica, en cambio, es gigantesca. Tanto como el fanatismo de sus fans, incapaces de aceptar cualquier retrato de su dios que no lo salve, justifique, adore y venere. Michael es el evangelio peor escrito del mundo. Que comience mi lapidaciĂłn.

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