Roberto Leal (Alcalá de Guadaira, 1979) publica su primera novela, ‘El sótano’, justo cuando España anda revolucionada (entre otras cosas) por el futuro de su programa, ‘Pasapalabra’. El concurso estrella de las tardes ha visto cómo el Tribunal Supremo retira a Antena 3 el derecho de emitir su momento álgido, ‘El Rosco’, y nadie sabe aún cómo se solucionará todo. Ni siquiera el presentador que, entre una cosa y otra, ha sacado espacio para escribir un thriller de lo más oscuro. "No me sobraba tiempo, pero me sobraban ganas", sonríe.
- Creo firmemente que lo mejor de escribir es acabar.
- [Risas] Yo he disfrutado el proceso aunque también es verdad que es mi primera novela. Si llevase quince, seguramente te hablaría en otros términos. Ha habido momentos en los que he pensado: "Dios mío, esto está muy bien, pero tendría que habérmelo planteado en otro momento de mi vida y no ahora que, afortunadamente, tengo tanto trabajo". Pero, en general, ha sido una bonita aventura que he elegido yo y me ha compensado muchísimo porque, además, tenía clara la historia que quería contar y eso ayuda mucho.
- Es una trama bastante turbia. ¿Es tu manera de luchar contra esa imagen de yerno perfecto o de niño bueno que te acompaña?
- No es que quiera, de pronto, cambiar mi imagen, pero sí es cierto que este también soy yo. Me parece muy cariñoso que me digan siempre que soy el yerno perfecto, pero no soy todo bondad y sonrisas. Soy un grandísimo lector de novela negra, es el género que amo desde que tengo uso de razón, y es interesante también mostrar esa otra cara de mí. Esos pensamientos más oscuros también están en mí, como en cualquier persona.
- ¿De verdad te gusta esa imagen tan blanca?
- A ver, mejor eso que caer mal [risas], pero por supuesto que reivindico mis dobleces. Intento que la línea entre lo que aparento en público y lo que soy sea muy delgada, pero no estoy siempre sonriendo ni hipermegafeliz. Sería insoportable. Trato de tomarme la vida con la mejor filosofía posible porque mi madre me ha enseñado que las cosas nunca son tan importantes como parecen, pero soy persona también, con mis momentos malos y mis defectos. Una vez me titularon una entrevista: "Yo no soy Papá Noel".
- Es un buen titular.
- Pues que quede claro que no soy Papá Noel. Al menos, no todo el rato.
- Un tema central de la novela es la pérdida de intimidad. Tú de eso algo sabes…
- Mi pérdida de intimidad, que es debida a la popularidad, es muy agradecida porque la gente me para por la calle para decirme que ven mi programa con su familia, que muchas gracias y no me provoca ningún tipo de conflicto. No es problemático ni muchísimo menos. Al contrario, ojalá esto dure mucho tiempo porque significaría que sigo teniendo trabajo y éxito, cosa de la que no tengo ninguna garantía. Aunque llevaba ya casi 20 años en televisión y como reportero en ‘España Directo’ ya me conocía gente, el verdadero boom me llegó a partir de ‘Operación Triunfo’, pero lo he llevado siempre bien y creo que no te puedes volver loco con eso.
- No serías el primero que se viene arriba con la fama.
- No, pero siempre es un error. Luego, habrá quien lleve peor la atención por la calle y lo respeto completamente, pero yo me paro con todo el que me lo pide por la calle porque qué menos que corresponder el tiempo que ellos dedican a mi programa. A mí la pérdida de intimidad que me preocupa no es la de personaje público sino la de nuestros datos. Estamos muy expuestos y hemos normalizado decir en voz alta tu teléfono, tu DNI o tu dirección a cualquier empresa o a un repartidor. De eso hablo en el libro. Es una historia bastante potente y con mucho giro, pero el poso y el fondo es una situación que me pasó a mí y en la que vi vulnerada mi intimidad. No la de Roberto Leal, el presentador, sino la de Roberto Leal, persona. Estamos muy expuestos y tenemos que tener cuidado hasta con que te metan la mano en el buzón. Creo en la condición de buena persona, pero hay de todo…
- Otro asunto que denuncia el libro es la masculinidad tóxica.
- Sí, este tipo de personajes hay que abrirlos en canal y mostrar que han existido siempre, siguen existiendo y durante mucho tiempo no se ha denunciado lo suficiente, al menos por parte de otros hombres. Las mujeres sí, por supuesto. Es un perfil que desgraciadamente existe, que ya se ha hecho un gran camino simplemente hablando de ellos, pero aún queda mucho por hacer. No es un monstruo que esté escondido ni un personaje de ciencia ficción, es un perfil que existe y abunda.
- ¿Nos hemos resistido los hombres a verlo o reconocerlo en nuestros propios círculos?
- Sí, pero está cambiando. Creo que ya te salta una especie de alarma ante determinados comentarios y comportamientos que antes parecían normales y no lo son. Eso es gracias a esta lucha y esa voz que han levantado las mujeres y ahora muchísimos hombres vamos detrás de ellas dándonos cuenta de que durante muchos años hemos normalizado conductas que no tienen ni pies ni cabeza. Es interesante que haya novelas donde se hable de esto y a la gente no le llame la atención leerlo. Creo que ya es un discurso que se ha aceptado, aunque todavía se habla poco para todo lo que nos rodea.
- Has dicho antes que "ojalá esto dure", refiriéndote a tu situación laboral. ¿Aún no te fías?
- No y creo que ese pensamiento es un salvavidas. No es falsa modestia, creo que es interesante recordar siempre que todo tiene un final y no hablo de la vida ni de algo místico. Siempre que me han dicho eso de que soy el presentador de moda, he respondido lo mismo: yo quiero ser presentador de fondo de armario. No quiero ir con modas, quiero disfrutar muchísimos años de esto, pero soy consciente de que algún día se acabará y el hecho de que muchos compañeros o compañeras en una posición similar a la mía piensen que ya lo tienen hecho es un error. Antes que yo han pasado por la televisión grandísimos profesionales que ahora no están porque su momento pasó. Otros llegarán empujando y, lógicamente, ocuparán mi lugar. Hay que ser realista, tío.
- ¿Lo disfrutas mientras?
- A muerte. Disfrutar del momento presente es fundamental. No lo digo en plan carpe diem, sino desde la objetividad de que estás en un momento vital y profesional increíble que antes o después acabará. Pues disfrútalo, compadre, disfrútalo con tu familia y compártelo con tus amigos. Ser consciente de que este éxito se acabará es lo que me permite disfrutarlo a tope. Somos unos privilegiados, trabajamos de cara al público y la gente te da las gracias por algo que para ti es tu trabajo y para ellos, muchas veces, es su salvavidas. No eres más que otro trabajador cualquiera, pero tienes esa suerte. El problema es que en tu cabeza te vengas arriba: "Yo es que salgo en la tele". Sí, sales en la tele y saldrás de la tele. Eso es lo que hay que tener claro y ser feliz mientras tanto.
- ¿Te ves ya en el entretenimiento para siempre?
- Soy periodista y he estado mucho más tiempo pegado a la actualidad que presentando concursos, pero si ahora mismo me preguntasen dónde me quiero retirar, lo tendría claro: haciendo entretenimiento. Es una tarea que durante mucho tiempo se ha considerado como algo menor dentro del gremio y no hay más que ver un informativo para notar que siempre va al final, pero creo que el entretenimiento tiene hoy una importancia a la altura de la información política o económica. Es un oasis que la gente necesita porque está agotada y sobreinformada. Llega un punto en el que necesita abstraerse de todo ese caos que nos rodea, ver un concurso y ser feliz un rato.
- Esto nos lleva al tema del momento: ‘Pasapalabra’ y la guerra de El Rosco. ¿Qué crees que va a pasar? ¿Estás preocupado?
- A ver, yo no tengo ni idea y poca información te puedo dar. Sé que me lo ibas a preguntar, pero esto se está moviendo ahora mismo muy por encima de mí. La cadena lo está trabajando y encontrará una solución. Yo me limito a presentar el programa, pero sería un mentiroso si te dijera que no estoy pendiente de cuál es la decisión final que se toma y que no vamos a tardar mucho en conocer porque los plazos son cortos. Lo que te puedo asegurar es que ‘Pasapalabra’ va a continuar de la forma que sea, con rosco o sin rosco, y yo voy a seguir presentándolo. Esto que quede claro. ‘Pasapalabra’ no está en peligro y yo sigo teniendo el mismo objetivo que cuando llegué: jubilarme en este programa
- Has escrito un personaje corrupto e iba a soltarte ese tópico de que es un tema que está de actualidad, pero lo cierto es que en España la corrupción política siempre lo está.
- Ese es el gran problema, que esto no para. Me gusta pensar que un día vendrá alguien que diga: "Señores, en esto da igual el color, vamos a aprender, vamos a poner unas leyes y unos controles durísimos, vamos a hacerlo bien". Me gusta pensarlo, pero cada día lo creo menos. Me llevan los demonios cuando alguien lo justifica diciendo que España es el país de la picaresca, que Rinconete y Cortadillo, etc. ¡Venga, señor, no fastidie! Me da mucho miedo que algo así se haya normalizado socialmente aunque, claro, te escandalizas y a los dos días llega otra más grande. Es desesperante. ¿En qué momento va a parar y qué podemos hacer nosotros para que pare? Por desgracia, no creo que esté en nuestras manos. Tenemos en España un problema crónico.
- ¿Crees en la política, pese a todo?
- Sí, creo que precisamente en este momento hay que creer en la política y el gran error es pensar que tu voto no vale para nada y es mejor quedarse en casa. La antipolítica es muchísimo más peligrosa que ser consciente del momento tan delicado que estamos viviendo y de nuestro papel en solucionarlo. Hay una falta de confianza hacia el político increíble y muchos se lo han ganado a pulso. El ciudadano está aquí trabajando, pagando sus impuestos, dejándose la piel y luego quienes le gobiernan se lo llevan e insisto en que me da igual del color que sean, porque se lo hemos visto hacer a todos. La gente quiere que todo lo que está haciendo por su país sea correspondido y pierde lógicamente la fe, pero hay que creer en la política y en que hay políticos que no nos van a levantar cada mañana con un sobresalto. Tengo 46 años y esto no es de ahora. Llevo viviéndolo toda la vida y me da mucha pena, pero tengo confianza en que esto solamente puede mejorar.