Empezaba el sol a apretar entre los árboles del Retiro, en Madrid, y aún así la gente se arremolinaba alrededor de las vallas que acotaban la zona en la que estaba a punto de aparcar el coche blindado de la Reina Letizia para inaugurar la Feria del Libro de la capital. Allí, frente a la caseta del Ministerio de Cultura, tras las vallas, esperaban algunas fervientes y veteranas fans con sus clásicos gritos de «guapa» y «viva la reina». Y también una veintena de trabajadoras de escuelas infantiles de Madrid, que ahora están en huelga por sus condiciones laborales, para que sus reinvidicaciones se hicieran oír.
En ese ambiente empezó el recorrido de la Reina por una decena de casetas, con alguna parada más improvisada, que cada año da inicio a la Feria del Libro, que este año cuenta con 366 casetas -una más que en 2025- por las que pasarán más de 230 autores y en las que se superarán las 6.600 sesiones de firmas. Las primeras paradas de la comitiva -compuesta por el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; el alcalde, José Luis Martínez-Almeida; la delegada de Cultura, Marta Rivera de la Cruz; la concejal de Retiro, Andrea Levy; los miembros del equipo de la Reina y los escoltas...- fueron en los puestos institucionales del Ministerio de Cultura y del Ayuntamiento de Madrid.
La primera de las librerías que visitó fue Cervantes y Compañía, de la calle Pez de la capital, y allí recibió Cartas, de Maruja Mallo, La doble desaparición de Abril del Pino de Marina Sanmartín -una de las libreras- y La grieta de Rodrigo Gervasi, una novelita que explora los problemas de los jóvenes de nuestro tiempo. Lectura para zambullirse en la realidad social de nuestro país y de toda una generación.
Como lo fue la charla de la Reina con un grupo de las educadoras infantiles que protestaban a las que se acercó para interesarse por su situación, según explicó su equipo a posteriori. Doña Letizia también hizo varias paradas con alumnos de distintos colegios, como el San Antonio de Alcobendas o el Centro Cultural Palomeras, para preguntarles si les gustaba leer, nuevamente según su equipo por la distancia de la prensa con la escena, y una breve entrevista con alumnos de Nuestra Señora de La Almudena al final del recorrido. En esa charla, la Reina recomendó a los niños "leer mucho" porque así tendrán "mas conocimientos" y "más información". "¿Hay algo mejor que la radio y los libros? Para mí no", remarcó. Las dueñas de la librería Cervantes y Compañía también relataron que les había trasladado que las seguía en sus vídeos de redes sociales.
En el recorrido por las casetas, la Reina fue alternando proyectos editoriales creados recientemente como la Librería Girasol, donde fue obsequiada con dos poemarios de la propia librera Laura Rodríguez Sayd, y Vino a por letras, en la que le entregaron Marcelino de Bibiana Collado con otros de larga trayectoria. En Ediciones de la Torre, que cumplía 50 años, obtuvo 40 miradas sobre el libro y su futuro. En la centenaria Librería Santos Ochoa de Logroño, Cocina práctica riojana y un facsímil de las Glosas Emilianenses. En la Editorial Nórdica, Hambre del Nobel Knut Hamsun, Noches blancas de Fiódor Dostoyevski y una versión ilustrada de Las flores del mal de Charles Baudelaire.
Justo al lado de Nórdica, estaba Libros del Asteroide, la editorial que ha publicado el fenómeno literario del pasado año, Comerás flores. Aunque esa parada no estaba prevista en el itinerario, la Reina se paró para comentar con las chicas del stand sobre la obra de Lucía Solla Sobral. Lo mismo sucedió en la caseta de Arrebato, donde Letizia departió con Pep Olona durante un buen rato sobre el proyecto editorial colaborativo que ha llevado a la Feria del Libro, una tradición que se repite cada año durante la inauguración de la feria. Durante la jornada, Doña Letizia también recibió una edición de Todo lo que soy y nunca podré ser que le entregó en mitad de su recorrido Vanessa Encinas.
Así quedó inaugurada la Feria del Libro.