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El fin del amor según Paco Roca: "Es el cómic que he hecho que más preguntas deja sin contestar"

El fin del amor según Paco Roca: "Es el cómic que he hecho que más preguntas deja sin contestar"

Después de explorar las profundidades marinas (El tesoro del cisne negro), el desierto norteafricano (Los surcos del azar) y las geografías mágicas de Borges, Kafka y Dalí (Las calles de arena, El juego lúgubre); después de atravesar el territorio donde se pierden los recuerdos (Arrugas), de convertir el álbum fotográfico de su padre y de su madre en un mapa (La casa, Regreso al Edén) y de retroceder al kilómetro cero de su propio oficio (El invierno del dibujante); después de descender al agujero en la que yace la historia reciente de este país (El abismo del olvido); después de visitar todos estos lugares, Paco Roca ha hecho la travesía más difícil de su vida.

Una que jamás pensó que emprendería.

Una que tuvo que afrontar solo.

La crónica de dicha travesía es una obra mitad autobiografía, mitad ficción con un título ya de por sí elocuente: El viaje (Ed. Astiberri).

"El punto de partida es una situación real: el fin de una relación que tuve hace años", explica el superventas español de la viñeta. "Después de una relación larga, uno se plantea por qué ha fracasado. Yo empecé a tomar notas para mí, no con la intención de hacer un cómic, sino a modo de reflexión, como hacemos todos los que vivimos de contar historias pegadas a la realidad. Ese material se fue diluyendo con experiencias procedentes de relaciones anteriores y posteriores a la ruptura y también de otras vidas cercanas a las mías. Entonces ese trance, que en caliente parecía el fin del mundo y en el que no se atisbaba esperanza, se fue haciendo pasajero. Poco a poco fui consciente de que las separaciones son algo frecuente entre la gente de 40 y 50 años y me di cuenta, otra vez, de que lo personal puede ser universal. De que podía hacer un cómic a modo de terapia sobre mi situación y sobre cómo ha cambiado la percepción de lo que esperamos de una pareja estable", termina de contextualizar Roca (Valencia, 56 años).

Con su nueva novela gráfica, a la venta desde el 28 de mayo, el historietista que ha hecho del pasado su tema fetiche y que con mayor sensibilidad ha trabajado con la memoria identitaria, familiar e histórica, aborda la memoria íntima. La que tiene que ver con la necesidad de tirar hacia adelante tras el fin del amor. "Ha habido momentos muy duros de recordar, porque eran muy personales. En concreto, ése en el que tuve que decirles a mis niñas que la relación con su madre había terminado fue el más triste de mi vida", admite Roca. "A pesar de que educamos a nuestros hijos en algo que se supone que es duradero, cada vez somos más conscientes de que las relaciones para toda la vida son muy difíciles en esta sociedad individualista, en la que anteponemos el bienestar personal o tener nuestro espacio a cualquier cosa. Y en el que las redes sociales, además, transmiten la sensación de que nos estamos perdiendo algo y de que el esfuerzo que hacemos por mantener una familia no compensa".

El viaje indaga en el descoloque de un escritor de mediana edad (Fran) recién divorciado a su pesar y alejado de sus dos hijas pequeñas por la diferencia horaria y el océano Atlántico. Un tipo que intenta volver a ubicarse en el mundo pero que, paradójicamente, vive arrastrando un trolley de aeropuerto en aeropuerto debido a sus compromisos profesionales. Alguien que aún revive en su cabeza diálogos dolorosos y episodios hirientes -el bucle del reproche- sin comprender muy bien dónde se han ido los instantes felices. Y que además, no puede evitar observar a las parejas de su alrededor con curiosidad de ornitólogo.

El extravío de Fran es doble, además. Acaba de quedarse tirado en la estepa patagónica por culpa de una avería en el avión que le iba a traer de vuelta a España. Como el apátrida de La terminal o los pasajeros de Lost, se encuentra de repente en un limbo rodeado de desconocidos en circunstancias parecidas a las suyas.

Aquí el Premio Nacional del Cómic mezcla de nuevo realidad y ficción, añadiendo una vivencia rocambolesca al fermento emocional. Roca viajó a Montevideo y Buenos Aires en 2024 para participar en varios actos promocionales. El regreso a casa desde la capital argentina se canceló por un problema técnico con el aparato. La aerolínea recolocó rápidamente a los viajeros más atentos y alojó al resto del pasaje en el mismo hotel durante tres días. "Se creó allí un micromundo aislado de todo: era un establecimiento muy cutre, estábamos fuera de temporada y no éramos muchos. Comíamos a la misma hora y el tema de conversación era el mismo: ¿cuándo nos vamos? Me pareció que era una burbuja bonita para contar una historia", explica Roca. Incluso el River Plate-Boca Juniors que se disputaba entonces y el cónclave para elegir al sucesor del Papa Francisco se cuelan en su relato.

En El viaje, no obstante, Buenos Aires es El Calafate, un pequeño pueblo turístico situado en mitad de la nada, azotado por el viento durante meses, en el que apenas hay vegetación y por donde deambulan los perros callejeros. "Soy fan de Julio Verne y una de mis primeras lecturas fue El faro del fin del mundo. Pensé enseguida que la Patagonia era el lugar perfecto para situar la historia, así que me fui allí 10 días", revela. En ese paisaje exterior que no deja de ser una proyección del interior, Fran conoce a una pasajera autóctona (Sonia) con la que compartirá fernet con cola, comentarios chispeantes y dudas existenciales mientras de fondo suena Fly Me To Moon.

En la segunda mitad de El viaje, el tono vira del abatimiento paralizante a la ilusión cómplice que empapaba la trilogía Antes del... de Richard Linklater. Atrás quedan frases-puñalada como "Quiero ser yo misma sin estar a la sombra de nadie", "De tantas ausencias aprendí a estar sin ti" o "Eres un bonito pasado".

¿En qué dirías que este trabajo ha sido diferente a los anteriores, pese a que la materia prima en cierto modo es común?
Es diferente por el hecho de que con él no he llegado a ninguna conclusión. De hecho, creo que es el cómic que más preguntas deja sin contestar. Mis trabajos, como los de cualquier autor cuando trabaja con libertad, los he hecho en busca de respuestas. Por ejemplo, Rodrigo Terrasa y yo empezamos a hacer El abismo del olvido sin entender muy bien el asunto de las fosas comunes, por qué algunas personas dedican sus vidas a buscar los restos de familiares o por qué sigue siendo un tema tan politizado. Al final, obtuvimos algunas respuestas. En este caso, me ha sido muy difícil. Incluso me ha hecho replantearme cuestiones relacionadas con la memoria.
¿Por ejemplo?
Si es preferible guardar determinados asuntos en un cajón después de haber reflexionado sobre ellos y así poder avanzar. Eso funciona tanto en lo social como en lo personal. Una de las intrahistorias de El viaje remite al supercontinente Pangea y a la cuestión de que no puedes olvidar algo de lo que has formado parte.
¿Dirías que ésta es una historia pesimista, optimista o sencillamente realista?
El actor David Verdaguer me dijo en su momento que La casa era una historia de llorar bonito. El viaje es una historia de llorar, sin más. Es cruda como la realidad. Yo no quería que fuese un libro de autoayuda ni que tuviera moraleja. El optimismo quizá tenga que ver con la idea de que la mayoría de la gente que vive una ruptura emprende una nueva relación. Me he dado cuenta de que tu sufrimiento es el de muchos otros y de que el amor hace olvidar el desamor. Sí reconozco que este cómic quería que sirviese como una especie de disculpa hacia mis hijas. Los niños son el daño colateral de las rupturas y a mí me gustaría que ellas supieran que no fue una decisión tomada a la ligera y que fue dolorosa.

Roca vuelve a demostrar su talento para la creación de atmósferas con sus clásicas alternancias de fondos de color -uno para el pasado y otro para el presente- y con viñetas que rebosan potencia expresiva: Fran dialogando con su pareja-fantasma; Fran durmiendo junto a su maleta en una cama sin deshacer; Fran eliminando la AA del contacto de su ex; Fran observando la estantería de casa donde se nota la ausencia de libros y fotos de la persona que se ha marchado...

No extraña que ya se esté gestando un proyecto de adaptación al cine de El viaje desde las productoras Estela Films y Pólvora Films, todavía en los primeros compases de la producción audiovisual. En paralelo, Roca está empezando a preparar otra novela gráfica con Terrasa.

¿Cómo de importante era no descuidar la parte gráfica en una historia tan abstracta como ésta?
Era una historia complicada de dibujar porque no cuenta mucho o lo hace de una forma emocional. Se trata de personajes que están hablando -consigo mismos y con otros- todo el tiempo, así que era fundamental encontrar soluciones gráficas potentes para hablar de lo íntimo. Que, por cierto, es el camino que estamos siguiendo muchos de los autores que nos dedicamos a la novela gráfica.
Por momentos, la condición de observador de parejas de Fran lo convierte casi en un espectador de 'First Dates'. Él ve cómo otros discuten e incluso pelean verbalmente y eso no impide que sigan juntos...
Quienes han pasado por una ruptura suelen intentar medir el estado de salud de otras parejas observando cómo se miran, de lo que discuten y de lo que no... En muchos casos te puedes hacer una idea equivocada, pero es cierto que hay algo ahí. Las relaciones estables de pareja son un invento humano desde el punto de vista económico y evolutivo. Entra en conflicto con lo que necesitamos como animales. Por un lado necesitamos variedad y pasión, y por otro buscamos seguridad. Al final, que una relación perdure depende de las recompensas que ofrezca. Si lo que obtienes hace que merezca la pena, se mantendrá.

En la portada de El viaje se ve a su protagonista de espaldas acompañado por tres chuchos frente a un inmenso vacío. El viejo proverbio oriental dice: "Los perros ladran, pero la caravana avanza".


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