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De La Mesías de Los Javis a Lux de Rosalía, una epifanía cultural en España: "Los jóvenes ya no llegan a la religión por imposición"

De La Mesías de Los Javis a Lux de Rosalía, una epifanía cultural en España: "Los jóvenes ya no llegan a la religión por imposición"

En 2013, cuando unos aún incipientes Javis estrenaron en el hall del Teatro Lara la epifanía musical que fue La llamada, la estética religiosa, pese a la evidente sátira, parecía extraña para dos veinteañeros que aspiraban a implantar una nueva forma de contar en un país con un pronunciado declive de creencia. Una década después, con ese estilo ya implantado, volvieron los Javis a explorar la religiosidad, sin renunciar a su mirada crítica, con La Mesías. Pero la extrañeza se había esfumado pese a que los índices de creencia no remontaban.


Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el porcentaje de católicos se mantiene invariable en este último año en el entorno del 52%, con una breve caída de los practicantes del 17,3 % al 16,2 %. Y, sin embargo, lo religioso se ha hecho tendencia. Lux, de Rosalía, y Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, fueron el disco y la película de 2025, y ambas navegan a su manera esa experiencia religiosa. Los canales de redes sociales con esta temática se multiplican. Música religiosa como la de Hakuna o Íñigo Quintero llega cada vez a más gente. Y, sobre todo, la percepción social ha cambiado en algunas generaciones. Lo religioso no es antiguo entre las más jóvenes, es cool porque algunos de sus ídolos se han lanzado a exaltarla.


«Los jóvenes están comprendiendo mejor que los adultos lo que llamo el nuevo paradigma de la realidad, que es el de la interioridad. Eso significa que ningún cambio externo se sostiene si no está precedido y avalado por un cambio personal. Dicho más sencillamente: no puede haber paz en el mundo, es literalmente imposible, si no hay paz en los corazones. En ese sentido, el mejor servicio que podemos prestar a la humanidad es nuestro propio crecimiento interior», destaca Pablo D’Ors, escritor, sacerdote e impulsor del retiro Jóvenes del desierto.

El escritor pone un ejemplo concreto en el que él mismo fue protagonista. En el año 2000, su novela Las ideas puras fue finalista del Premio Herralde que se llevó Luis Magrinyà y así relata él aquel día: «Al leerse mi currículum en público y venir a saberse que uno de los nominados era nada menos un cura, se oyó en el auditorio, ¿cómo definirlo?, un murmullo ensordecedor; la gauche divine casada con la Iglesia parecía demasiado. Y seguramente lo era. Veinte años después, sin embargo, Babelia me sacaba en portada por un ensayo sobre el Evangelio, Biografía de la luz. Estas pequeñas anécdotas ilustran el cambio que se está produciendo, puesto que esto no ha hecho más que empezar».

¿Esas experiencias las han tenido otros artistas con una trayectoria larga y con creencias religiosas? «Todo ha evolucionado, por supuesto, y que ahora haya un referente tan poderoso como Rosalía que hable de su fe abiertamente y que la gente se sienta identificada... No se hace ningún mal a nadie y cada uno puede creer en lo que crea más conveniente, nunca mejor dicho. Hay quien cree en su Dios, en una planta o en las nubes que vemos pasar», explica David Bustamante, uno de los artistas que actuarán durante la visita del Papa León XIV a nuestro país en el Estadio Santiago Bernabéu. Y sigue el cántabro, criado en una familia católica, poco practicante y cofrade de la Virgen de la Barquera en su San Vicente natal. «Creo en las tradiciones y en apoyarnos en la fe. Vivimos en una sociedad muy polarizada en la que parece que ser religioso te coloca ya en un color, casi no se puede decir nada para no molestar a gente que tiene la piel muy fina. Para mí, en la diversidad está la riqueza, como en un buen plato, y así construimos una sociedad más amable».

En esa conversión de la estética religiosa en tendencia, los vallisoletanos Siloé han encontrado también una pista de despegue en el indie español. El trío que conforman Fito Robles, Xavi Road y Jaco Betanzos basa el nombre de su banda en una escena de la Biblia, la del ciego que acude a un lago para curarse, y su cuarto álbum, Santa Trinidad, es una continuación en su mirada hacia la espiritualidad. «No somos un grupo de música cristiana, pero la espiritualidad siempre ha formado parte de nuestras vidas y de nuestras canciones. Por qué Bono o Justin Bieber podían ser creyentes y ser cool y aquí te señalan con el dedo como si fueras un casposo y tuvieras que ser de derechas. Cada uno tiene que encontrar su camino y nosotros no le vamos a decir en qué tiene que creer. Pero a nosotros tampoco nos lo tienen que decir porque vivimos nuestra vida tranquilamente y hacemos canciones para quien las quiera escuchar», concluyen los tres miembros de la banda, que actuará ante el Papa en el acto de la Plaza de Lima de Madrid.

"Bono o Justin Bieber eran creyentes y eran cool, aquí te señalaban como un casposo de derechas"

Siloé

Otra de las artistas que estará presente en la visita es Niña Pastori, que acaba de estrenar su disco Color Fania. La gaditana acompañará a León XIV en su visita a un centro de personas sin hogar en el barrio madrileño de Lucero y repetirá cantando ante un pontífice. En 2003, en una visita de Juan Pablo II a nuestro país, ella interpretó un Ave María durante su encuentro con jóvenes en el aeródromo madrileño de Cuatro Vientos. «Para mí la fe es superimportante, lo ha sido siempre. Me he criado en la fe con mi familia, con mis padres, una fe quizás no tan ortodoxa, pero hemos creído siempre. Yo especialmente creo mucho en Dios, lo necesito en mi vida. Es importantísimo para cualquier paso que doy en mi día a día. Para mi profesión y para todo es importante andar de la mano de Dios siempre», afirma la cantante desde Nueva York. Y sigue: «El mundo está convulso y no hay día en el que no pase algo. Cantarle a la gente que más lo necesita es algo que te llena incluso más, te llena de satisfacción, es más bonito ayudar que pedir ayuda. Le doy las gracias al Papa por asistir, por estar aquí en España con nosotros, que nos tenga presentes en todos sus rezos, que pida por nosotros y ruegue por la paz en el mundo…».

La gran incógnita de esta mirada religiosa que se ha aplicado la cultura es si ha redundado en un crecimiento de la creencia. Sobre todo en las generaciones más jóvenes, a las que se les suele atribuir ese cambio. El Observatorio del Pluralismo Religioso en España, que elabora la Fundación Pluralismo y Convivencia -adscrita al Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes-, señala que el 54% de la población se identifica con alguna religión, que el 46% dice ser católica y solo el 17% practica regularmente. Ese mismo estudio recoge que el mayor porcentaje de indiferentes, agnósticos o ateos está en las franjas más jóvenes de edad: un 61%, en el tramo entre los 18 y los 24; un 51%, entre los 25 y los 34.

Sin embargo, el estudio Jóvenes Españoles 2026, que elabora la Fundación SM, apunta que el porcentaje de jóvenes que se declaran católicos ha crecido en el último lustro del 31,6% al 45%, casi 15 puntos. Ahí se incluyen los que practican y los que no lo hacen. Ese mismo informe apunta también que el actual es un «cristianismo polirreligioso y polimórfico» que integra distintas espiritualidades. ¿Por qué? Porque los que dicen ser católicos practicantes creen en elementos como el karma (60,7%), la reencarnación (48,5%), las artes mágicas (44,1%), la predicción del futuro (37,1%) o las energías curativas (40,3%). La idea que más o menos afloraba en las declaraciones de Pablo D’Ors al inicio de este texto.

«No sé si es cool la palabra que yo utilizaría, pero sí que se está abriendo un poco la mirada y no es tan criticado, la gente está dejando de tener miedo a decir que tiene fe o que es creyente. Es un tema que está muy vigente en los proyectos culturales y realmente creo que la gente siente esta necesidad por el mundo en el que vivimos», aporta el actor Jaime Lorente, que acaba de estrenar la película La silla y que hace unos meses compartió en una entrevista que era no solo católico, sino practicante regular. «Antes esto no tenía para mi trabajo ninguna importancia, ahora sí tiene un poquito más. A mí me sirve para vivir un poquito más tranquilo, que yo era de esa gente que siempre iba detrás de la zanahoria, siempre estaba al loro y creo que eso a la hora de trabajar pues también se refleja», remarca el murciano.

«Lo que ha cambiado es que muchos de los jóvenes seguramente no se acercan a la fe por una cuestión de imposición, no están obligados por ejemplo a estudiar en colegios religiosos. Es decir, que ha habido una búsqueda personal hacia esa fe. Obviamente, también hay modas, que tienen que ver con un fenómeno de las redes o lo de Rosalía, pero quien profesa una fe más profunda, con un poso, se quedará ahí igual que nosotros. Lo vamos a equiparar a nuestro proyecto, todo lo que no ha tenido fundamento se nos ha caído por su propio peso», concluyen los miembros de Siloé.


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