Si la casa en la que nació Adolf Hitler se llena de policías, quizás sus fanáticos se lo piensen un par de veces antes de peregrinar a la calle Salzburger Vorstadt, 15, de la ciudad Braunau am Inn para rendir homenaje al principal responsable del Holocausto. Al menos es la conclusión a la que ha llegado el Gobierno de Austria tras años y años de debates acerca de lo que debería hacerse con el antiguo domicilio del genocida. La reconversión en centro policial se decidió en 2019 por las recomendaciones y conclusiones de una comisión de expertos, que se opuso "a la demolición del edificio y a cualquier uso que fomentara su asociación con Hitler o el nacionalsocialismo". En 2023 comenzaron las obras de renovación del inmueble (tampoco querían que se quedara tal cual era) y este miércoles, 22 de julio de 2026, se inauguró por fin.
A pesar de que Adolf Hitler pasó muy poco tiempo en esa casa, el temor de Austria a que continúe siendo un lugar atractivo para los nazis es tal que incluso han escondido en un lugar secreto los escombros que dejó la remodelación, no sea que los simpatizantes de Hitler optaran por visitar las piedras. Puede parecer ridículo, pero lo cierto es que en los últimos años había personas que acudían a la zona para llevarse de recuerdo algún guijarro de la fachada. Por lo demás, la mayoría lo hacía para sacar fotos, dejar flores o velas los 20 de abril (fecha de su nacimiento) o realizar el saludo nazi. El Ejecutivo austriaco entiende que, al haber ahora una comisaría y al estar prohibido en el país cualquier tipo de propaganda o simbología que demuestre simpatía hacia al nazismo, ya nadie se atreverá a hacer lo mismo, sobre todo teniendo en cuenta que se han instalado cámaras en el exterior, propias de cualquier comisaría.
Antes de reconvertirse en centro policial, el inmueble cumplió otras funciones. Atracción turística lo fue ya desde los años 30, en pleno apogeo nazi. Luego, sería biblioteca, escuela, banco e incluso un taller para personas con discapacidad. Según cuentan en la revista alemana Der Spiegel, en 2011 se agravaron los problemas. Los últimos inquilinos se mudaron al no adaptarse el edificio para las personas con discapacidad y el propietario quiso vender. Fue entonces cuando se extendió el miedo respecto al futuro comprador. ¿Y si se hacía con el edificio alguien que quisiese convertir el sitio en un lugar de peregrinaje y homenaje a Adolf Hitler? Para evitarlo, el Gobierno tomó la determinación de expropiar el inmueble y pagó al dueño unos 800.000 euros.
La reconversión del edificio, no obstante, no convence a muchos memorialistas. Al final, el objetivo último del Gobierno era el de "borrar el pasado", no reconocerlo ni explicarlo, sino eliminar cualquier resquicio que recuerde lo que hizo la persona que nació allí. Lo único que hay es una piedra frente a la comisaría en la que se dice: "Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más el fascismo. Los millones de muertos sirven de advertencia". Nada más. Ni una sola mención a Hitler. El Ejecutivo austríaco lo justifica en que lo único que busca evitar es que no haya ni la más mínima posibilidad de que algún simpatizante nazi pueda entrar en el edificio. Al menos no se hizo lo que quería el partido de extrema derecha FPÖ (Partido de la Libertad), que ganó las últimas elecciones en el país. Los extremistas propusieron convertir el edificio en una clínica de maternidad. No parece casualidad que se les ocurriera semejante idea justo en el lugar en el que nació Hitler.
Hay quien también duda sobre la elección de una comisaría para ocupar el inmueble, sobre todo cuando durante el nazismo tuvo mucho apoyo en las filas de la Policía austríaca. Según el ministro de Interior, Gerhard Karner, sin embargo, la Policía "representa exactamente lo contrario del simbolismo asociado" al lugar. "Nuestra Policía defiende la democracia y el estado de derecho, la seguridad y la dignidad humana, y, sobre todo, su defensa inquebrantable contra todos aquellos que la amenazan, contra cualquier forma de extremismo o totalitarismo", aseguró Karner. De igual modo, el exministro del Interior Thomas Stelzer, bajo cuyo mandato comenzó a funcionar la comisión de expertos, celebró que con esta decisión "no solo" cumplen con su "responsabilidad histórica, sino que la" viven "activamente". "Donde el pasado sirve de advertencia, quienes hoy están al servicio de la comunidad son aquellos que se dedican diariamente a la ley, el orden y la protección de la población. Este edificio es, por lo tanto, también un símbolo visible de la fortaleza de nuestra democracia", defendió.
La realidad es que, sea comisaría o no y tenga una fachada blanca en lugar de la amarilla de 1889, en la práctica es casi imposible borrar el pasado. Todo el mundo, sobre todo los habitantes de la ciudad, saben quién nació allí. Y quizás la mejor forma de trabajar la responsabilidad sea explicar el pasado y hacer memoria. Al final, los nazis de la actualidad siempre encontrarán maneras de reivindicar el espacio, como ocurrió hace apenas unos días, cuando lograron que Google Maps identificase el espacio como HH 88 (las HH hacen referencia a Heil Hitler y el 8 es el orden de la H en el abecedario).